ABORTO, CORTE CONSTITUCIONAL Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN.

En sentencia T-388 de 2009, la octava sala de revisión de tutela de la Corte Constitucional, actuando en clara extralimitación de sus funciones constitucionales, declaró la improcedencia de la objeción de conciencia en materia de aborto por parte de  los jueces y a las instituciones religiosas. De igual manera, el Tribunal ordenó al Ministerio de Educación Nacional y a las instituciones públicas y privadas desarrollar un agresivo plan educativo sobre los “derechos sexuales y reproductivos” y, más concretamente, sobre la sentencia C-355 de 2006, que despenalizó el aborto en tres supuestos.

Con esta sentencia la Corte -o mejor, la Sala de Revisión- supera por mucho el límite de la permisión del aborto, elevándolo ahora a la categoría de un “credo oficial”, obligatorio para todos.  En efecto, el Tribunal deja filtrar la peligrosísima idea de que la libertad de conciencia es una especie de peligro para los derechos de las mujeres y por ello se empecina en una lucha contra este derecho, tan central y esencial para la tradición liberal.

Lo más alarmante de todo es que los principales medios de Comunicación nacionales parecen secundar la cruzada de la Corte en contra de la libertad de conciencia. Con excepción de la excelente columna de Salud Hernández-Mora, la totalidad de las numerosas columnas que se han publicado sobre este tema repiten, como leitmotiv, la idea de que quienes nos negamos a suscribir la nueva ortodoxia abortista somos elementos peligrosos para la sociedad “democrática” y debemos ser perseguidos por la nueva inquisición ideológica.

En múltiples ocasiones he escrito a los medios de comunicación para controvertir este nuevo catecismo abortista que nos quieren imponer y casi en todos los casos el resultado ha sido el mismo: nunca las publican. Por esta razón publico, a continuación las cartas que he dirigido a estos medios, con el fin de dejar constancia de mi protesta y burlarme de la sutil censura.

CARTA A SEMANA (6. nov. 2009) 

(Nota: acabo de enviar esta carta a la dirección de la revista. No sé si se atrevan a publicarla)

 Señor director.
 
Tras el último fallo de la Corte Constitucional en materia de aborto y objeción de conciencia, la edición virtual de esta revista ha publicado aluvión de artículos en los que, en resumidas palabras, se nos acusa a quienes nos oponemos al aborto de retrógrados, fundamentalistas, intolerantes y enemigos de los derechos de la mujer. En fin, nos acusan de ser enemigos de la democracia y de la igualdad y se insinúa la idea de que quienes nos oponemos a los “dogmas” laicos debemos ser condenados a una especie de pena de muerte política o a un ghetto ideológico. Por esta razón quisiera discutir algunas de las ideas que se han expuesto en las últimas ediciones.
 
  1. En el artículo “aborto y ciudadanía” las columnistas Helena Alviar e Isabel Cristina Jaramillo, afirman que quienes nos oponemos al aborto tenemos una visión patriarcal del mundo y degradamos a la mujer a la condición de “vientre” andante. Las autoras son enfáticas en vincular a la maternidad con la opresión de la mujer, siguoendo con ello la ya -ya muy superada- línea de pensamiento iniciada por S. de Beauvoir-. Tal insistencia me parece sospechosamente “femibóbica”, para usar la expresión de una amiga. Me parece que un feminismo que ataca casi fóbicamente a la maternidad es un dudoso feminismo. Más pareciera que se trata de una cruzada que aboga por la conversión de la mujer en una singular especie de castrato. 
  2. Sorprende, por lo demás, que en el debate sobre el aborto la totalidad de los columista omitan por completo la consideración de los derechos del nasciturus en el caso del aborto. Los que nos oponemos al aborto no lo hacemos porque neguemos los derechos sexuales y reproductivos de la mujer sino porque no creemos que estos se extiendan hasta el extremo de anular los derechos de otro sujeto. Este es, justamente, uno de los principios fundantes del liberalismo: que la libertad se extiende solamente hasta donde comienza el derecho de otros.
  3. Con excepción de un sólo artículo, los columnistas de la edición virtual tratan de hacer ver el derecho a la libertad de conciencia como un peligro público y una amenaza a los derechos de la mujer. Su propuesta parece ser la de la obligatoriedad de que todos profesemos SU mismo credo. Por lo menos, todos los que nos oponemos al aborto (creyentes o no) deberíamos ser parias del ámbito público y deberíamos tener prohibido el acceso a la judicatura y al ejercicio de la medicina. Me limito a decir que esta opinión es poco tolerante y que pugna con el carácter preferido de las libertades ideológicas, quintaesencia de la filosofía liberal.
Espero que esta opinión sea publicada a pesar de su extensión, ya que advierto con preocupación que esta revista silencia las voces de quienes nos negamos a suscribir esta nueva ortodoxia abortista.
Camila Herrera Pardo.
CARTA (NO PUBLICADA)  A “EL TIEMPO” (26. oct. 2009)
 
Señor Director:
 
Quisiera felicitar a la Salud Hernández-Mora por su última columna, “Jugar a dioses”. Creo que la columna resume muy bien una verdad que muy pocas veces se admite: la promoción del aborto lleva en sí el germen de la intolerancia. Por una parte, y como bien lo señala Doña Salud, la aceptación del aborto supone introducir una distinción entre humanos deseados (o deseables) e indeseados (indeseables) que es muy difícil de conciliar con el reconocimiento de la igualdad y la solidaridad frente al más débil. Hay que decirlo claramente, una vez establecido el principio que establece el menor valor de la vida “no deseable” (malformaciones, concebida en circunstancias violentas, etc) no hay malabarismo argumentativo que haga posible seguir hablando de una sociedad incluyente en la que todos son iguales.
 
Por otra parte, y como también lo menciona la columnista, la reciente sentencia de la Corte Constitucional ,que prohíbe la objeción de conciencia a los jueces y a los centros de salud y que ordena la enseñanza de del fallo del aborto en los centros educativos, es un ejemplo paradigmático de totalitarismo ideológico por parte del Estado. Con este fallo se desconoce de modo absoluto la libertad de conciencia de los jueces, y se afecta gravemente el núcleo de las libertades ideológicas que son la quintaesencia de la democracia liberal.
 
Camila Herrera Pardo.
CARTA (no publicada) A “EL TIEMPO” (20. oct. 2009)
 

Señor Director:
 
En la edición del martes 20 de septiembre este periódico publicó en primera página la noticia sobre el fallo de la Corte Constitucional que hace obligatoria la enseñanza de la sentencia del aborto en los centros educativos. La relevancia de esta noticia es superlativa y hay justificadas razones para que aparezca en un lugar tan destacado: se trata de la prueba reina de que avanzamos a pasos agigantados hacia un totalitarismo de opinión.
 
Considero que esta sentencia es la muestra paradigmática de la “intolerancia de los tolerantes”: Los mismos que defienden el pluralismo, no tienen ningún problema en imponer sus ideologías, promover el adoctrinamiento, pasar por encima de la libertad de los padres para educar a sus hijos según sus convicciones morales (la elección del centro educativo es una manifestación de este derecho), la libertad de fundar centros educativos inspirado en un ideario, la libertad religiosa, la libertad de conciencia, etc..

¡Cuánta razón tenía Hobbes al afirmar que el Leviatán exigía nuestro cuerpo y nuestra alma!, ¡Qué vanas fueron las revoluciones liberales que pretendieron salvaguardar el derecho inalienable a pensar y a expresar nuestras opiniones!,`¡Los tolerantes reclaman ahora el derecho al adoctrinamiento y la promoción de un Estado en el que se acepten todas las opiniones…siempre y cuando coincidan con el dogma oficial!”
 
Por lo demás, es necesario resaltar que entre la despenalización del aborto en los dos supuestos de la sentencia 355 de 2006 y el reconocimiento de un supuesto “derecho al aborto” hay un abismo jurídico, que ciertos grupos de opinión pretenden minimizar.
 
Por último, quiero llamar la atención sobre el silencio de este periódico frente a las multitudinarias marchas que en este país y en España se han realizado en contra del aborto. En Madrid las manifestaciones contaron con la asistencia de más de 2 millones de personas. En Medellín llegaron a ser 10.000. ¿Acaso la opinión de todos los que nos oponemos al aborto carece de importancia?

Anuncios

3 comentarios to “ABORTO, CORTE CONSTITUCIONAL Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN.”

  1. Angela Says:

    Buenas Noches Camila:

    Primero celebro lo bien escrito de las cartas, sin embargo quiero aclarar que no estoy de acuerdo con ninguno de sus planteamientos, la libertad de las personas, y en este caso de las mujeres, va más allá de la posibilidad del aborto, y centrandonos en el ejemplo particular del aborto, la libertad podemos abanderarla desde un pequeño acto que usted parece obviar deliberadamente: el aborto es una posibilidad no una imposición.

    Si usted no está de acuerdo con el aborto, en hora buena por ser capaz de defender su posición con tanto ahínco, pero no se vaya en contra de las personas que estamos de acuerdo con el aborto, nadie nos obliga a abortar, solamente se exige que sea también elgal nuestra opción y que esta no sea estigmatizada.

    El que podamos convivir las dos posiciones, quienes estamos a favor y quienes estan en contra, no hace parte de un estado que dice estar en la profundización de la democrcia?. entonces tendrá que aclarar cuál es su visión de democracia cuando todos los argumentos que usted da a favor de su posición bien podrían devolversele aludiendo un totalitarismo de opinión desde lo que a usted le gustaría que fuese.

    Espero, usted no acuda también a la sutil censura y deje que este comentario tenga lugar en su blog.

    Muchas gracias.

  2. Camila Herrera Pardo Says:

    Ángela:

    En primer lugar le agradezco su opinión disidente. Una voz en crítica honra más a mi blog que cien comentarios laudatorios.

    Me referiré brevemente a su crítica. Con la última sentencia de la Corte Constitucional el aborto parece ser mucho más que una opción. Es una auténtica imposición contra los jueces que tienen motivos de conciencia para abstenerse de fallar ordenando un aborto y los médicos o personas jurídicas cuyo ideario está en profunda contradicción con la práctica de este procedimiento.

    Quienes nos oponemos al aborto, ciertamente creemos que este acto debería ser ilegal en todos los casos, pero ya que la Corte lo ha permitido en jurisprudencia previa, lo único que pedimos es que nos se nos obligue a nosotros a dictar o ejecutar lo que consideramos una sentencia de muerte en contra de un individuo inocente. Una cosa es que no se prohiba a las mujeres acceder al aborto y otra que se obligue a personas que se oponen radicalmente a esta práctica a obrar en contra de sus convicciones más profundas. Si alguien quiere abortar que lo haga en una institución cuyo ideario no pugne con esta práctica, y si un juez se siente impedido para proferir una sentencia como esta, ¿por qué no dejar que otro juez decida este caso?, ¿Acaso el ordenamiento jurídico no prevé mecanismos especiales para aquellos casos en los que el juez no puede aplicar imparcialmente la ley (parentesco, amistad íntima, enemistad)?

    Hablaré desde mi postura personal. Tras el último fallo de la Corte Constitucional, que prohibe categóricamente la objeción de conciencia judicial en caso de aborto me siento impedida para acceder a la judicatura. El precio es muy alto: tengo que sacrificar mi conciencia y mi religión (aunque la oposición al aborto no se debe exclusivamente a motivos religiosos). El último fallo ha establecido explícitamente la negación del derecho a la libertad de concienca de los jueces y/o la prohibición de acceder a la judicatura para todos aquellos que nos oponemos al aborto.

    Análogas consideraciones se pueden hacer respecto de las instituciones religiosas, para las cuales la práctica del aborto equivale a la violación grave del ideario fundacional. Por lo demás, aunque a los médicos se les reconoce el derecho objetar individualmente, la cantidad de requisitos establecidos por la Corte prácticamente anula este derecho.

    Creo que lo que tienen que comprender quienes proponen obligaciones tan radicales como estas es que están abocando a miles de personas a la desobediencia civil y a enfrentar sanciones por el hecho de ejercer nuestras libertades ideológicas. Con toda seguridad una institución verdaderamente católica -por ejemplo el Hospital San Ignacio- aceptará afrontar las sanciones que se le impongan por no practicar abortos y persistirá en su negativa de practicar dicho procedimiento. Y un juez, verdaderamente convencido de la antijuridicidad inherente al acto de abortar, probablemente renunciará antes que fallar en contra de sus principios. Por lo anterior, las medidas tan radicales que propone la Corte -extralimitándose en sus funciones- probablemente serán ineficaces y su único resultado será la sanción de personas por motivos ideológicos.

    Por último, creo que la actitud de la Corte se fundamenta enteramente en la suposición de que, ya que unos magistrados no encuentran serios reparos morales frente al aborto, todos los jueces y médicos deben compartir su postura frente al aborto. Como para ellos el aborto es casi equiparable a cualquier otro procedimiento quirúrgico, consideran que nuestra oposición a realizar tan procedimiento es casi un capricho. Pero para nosotros ordenar o ejecutar un aborto no es como extirpar un tumor. Puede que nos equivoquemos, pero ese no es el asunto. El asunto es que cuando a un juez católico se le ordena conceder judicialmente un aborto se le impone un imposible moral equiparable al que se impondría a una feminista si se le ordenara condenar a muerte a una mujer adúltera o a un testigo de Jehová a realizarse una transfusión.

    Reitero mi agradecimiento por su opinión en este blog, en el que siempre serán bien recibidos sus comentarios.

    Camila Herrera Pardo

  3. María Ximena Díaz Says:

    Excelente publicación…

    Adelante, muchos necesitamos hablar!

    Que los periódicos vean que sus esfuerzos por silenciar nuestra voz han sido frustrados y que al final de las historias, siempre es visible la verdad.

    Saludos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: